Testimonios de un futurista

 De Larra, M. J. (2005). Artículos. Cátedra.

Durante mucho tiempo, se ha tratado de encasillar a don Mariano José de Larra en un género. Los expertos discuten sobre si es costumbrista o romántico lo  que, como defiende José Luis Aranguren (catedrático de ética de la Universidad de Madrid), esto provoca problemas.

La realidad es que Larra ha tocado muchos géneros a lo largo de su corta vida (se suicidó con veintisiete años). Entre sus artículos (lo que aquí nos preocupa) destacan los romanticistas (con "Un reo de muerte" como representante), los costumbristas ("Vuelva usted mañana"), de literatura y sociedad, de defensa del liberalismo y, en su etapa última, pesimistas ("El día de difuntos de 1836" y "La nochebuena de 1836").

Si yo tuviera que ponerle una etiqueta a Larra, aunque sea un imposible encasillarlo, me quedaría con la de "hombre adelantado a su tiempo"; tal vez, Larra sería una mente más propia de nuestro siglo, pero, sinceramente, dudo que, incluso, en este momento él fuera feliz.

-El café (págs. 111-126)

Una de las principales técnicas de composición a la que recurren con asiduidad los autores es a la de escribir sobre lo que les pasa (lo que ellos viven o ven). Así, nace "El café", producto de la curiosidad de Larra, la cual le obliga a "escuchar caprichos ajenos".

En este artículo, critica a gran parte de la sociedad, la cual está representada por alguno de los clientes del bar. Hay un literato que critica a lo que denomina "seudoautores" y que es un rico que hizo fortuna "comiéndose el pan de los pobres y de los ricos" y un hombre que se pasa la vida en el bar autoconvenciéndose de que tiene amigos, entre los personajes más destacados.

El rico (recordemos: cuya fortuna consiguió explotando al prójimo) se pregunta con cierta desesperación si "en España hemos de ser tan desgraciados (...), tan brutos". Critica, precisamente, actuaciones como la suya propia. Le respondería a sus palabras, pero ya lo ha hecho Larra en mi lugar: "efectivamente lo debemos ser (unos brutos), pues aguantamos esta clase de hipócritas".

-Vuelva usted mañana (págs. 190-202)

Este artículo es con el que más me he visto reflejada, por desgracia. Quizás porque sea el que más sufro en mis carnes. En él, Larra critica la pereza española, de la cual soy una gran representante.

La historia que narra es la de un "vuelva usted mañana" continuo. Llega un francés para hacer unas gestiones rápidas, que como mucho le llevarían un mes. Cuando no es un motivo, es otro, el caso es que pasa el mes y no consigue hacer esas gestiones. 

A tal punto llega su enfado por la vagancia pandémica que dice de nosotros (los españoles): "No comerán por no llevar comida a la boca". El propio Larra (como narrador) le da la razón escribiendo "De tantas veces que estuve en esta vida desesperado, ninguna me ahorqué y siempre fue por pereza". Cabe destacar que su suicidio fue con una pistola, cierto es que es más cansada la tarea de preparar la soga que de apretar el gatillo.

Siempre dejándolo todo para última hora porque cuando no es uno, es otro... En fin, la historia de mi vida. Como diría mi amigo Javi: soy víctima de mi vagancia. En este contexto, España entera es víctima de su vagancia colectiva.

Este artículo es muy famoso, pues es citado en numerosas ocasiones. En La Promesa (telenovela de RTVE, actualmente en la parrilla de la 1), los protagonistas sufren la demora del notario para la lectura del testamento del abuelo, a lo que su tío dice "El 'Vuelva usted mañana', ya lo decía nuestro querido Larra". Además, Sabina introduce esta frase como parte de uno de los versos de su Yo me bajo en Atocha: "Su vuelva usted mañana, su sálvese quien pueda".

-Un reo de muerte (págs. 287-296)

Este es uno de los considerados artículos romanticistas de Larra. En él expone su crítica a la pena de muerte y su rechazo a ciertas costumbres en lo que el tema se refiere. El protagonista es un reo de muerte, un marginado social a quien da voz.

Para Larra, todo pasa porque la sociedad es un teatro en el que cada uno tiene su papel (y a él uno malo le tocó, poco cobra su autor...). Los ciudadanos (nosotros) son simples peones que deben aguantar al tirano.

La sociedad nos exige ciertos comportamientos (y pensamientos) y si nos salimos de ellos nos condena. Pero el hecho de estar condenados no hace que ésta deje de exigirnos.

La pena de muerte lo canaliza. La forma en la que se lleve a cabo (horca o garrote) es pura gestión. Da igual cómo te asesinen, esta condena no deja de ser el "derecho que puede tener la sociedad de mutilarse a sí propia".

Luego, el hecho de que el asesinato de un hombre sea un espectáculo al que acude todo el pueblo a disfrutar del "espectáculo" es algo denigrante. Qué falta de humanidad... Para luego digan que los humanistas sobramos...

-El Día de Difuntos de 1836: Fígaro en el cementerio (págs. 392-399)

Este es uno de los artículos de Larra perteneciente a su tetrarquía pesimista, de la etapa final de su vida. En ellos, domina la desilusión, todos esos sueños que había perseguido y que no consiguió cumplir.

El pesimismo domina todo el artículo, llegando a afectar al lector. Larra define Madrid como un cementerio, símil al que se ha recurrido habitualmente. El periodista escribe: "¡al cementerio, al cementerio! ¡Y para eso salían de las puertas de Madrid! (...) ¿dónde está el cementerio? ¿Fuera o dentro? (...) El cementerio está dentro de Madrid. Madrid es el cementerio". Estos fragmentos me han recordado a la canción de Sabina Pongamos que hablo de Madrid por sus versos "La muerte pasa en ambulancias blancas/ (...)/Aquí no queda sitio para nadie/pongamos que hablo de Madrid".

Este pesimismo y esta desilusión no son sólo personales, sino también políticos. Hace una enumeración de  proyectos (sueños) liberales fracasados que constituye un interesante fragmento para repasar los acontecimientos políticos del primer tercio de siglo. Uno de los ejemplos más significativos es: "Aquí yace el Estatuto/vivió y murió en un minuto", por el Estatuto de 1834 (un intento de constitución liberal). Siempre pensé que el siglo XIX era complicado  y siempre me dijo mi profesora de Historia que era interesante, con los escritos de Larra es más especial.

Su desesperación personal se materializa con la pérdida de la esperanza en ese futuro. Dice: "quise refugiarme en mi propio corazón, lleno no ha mucho de vida, de ilusiones, de deseos". Lo quería, pero si no pudo fue porque su corazón también estaba muerto: "mi corazón no es más que otro sepulcro (...) ¡Aquí yace la esperanza!".

-Nochebuena de 1836: Yo y mi criado. Delirio filosófico (págs. 400-409)

Este es otro de los artículos pertenecientes a la tetralogía pesimista, siendo de un nivel ligeramente más relajado que el "Día de Difuntos".

En él, destaca el criado. El protagonista lo menosprecia por su condición de criado, pero éste le da una lección moral: "te llamas liberal y despreocupado, y el día que te apoderes del látigo azotarás como te han azotado. Los hombres de mundo os llamáis hombres de honor y de carácter, y a cada suceso nuevo cambiáis de opinión, apostatáis de vuestros principios"; remata con una lección individual: "tú me mandas pero no te mandas a ti mismo".

Finalmente, ambos personajes acaban muertos. 

En definitiva, se trata de un artículo desconcertante.

-Literatura. Rápida ojeada sobre la historia e índole de la nuestra. Su estado actual. Su porvenir. Su profesión de fe, Mariano José de Larra (1836)

En este artículo, Larra repasa brevemente el avance de la literatura española. Concluye en que esta nunca ha sido una literatura útil porque nunca ha contribuido al avance de la sociedad. 

Antes de definir esta conclusión, deberíamos preguntarnos si la sociedad española alguna vez ha avanzado. Todo sea dicho, un ligero avance sí que ha experimentado a lo largo de los siglos, pero seguimos viviendo con un ritmo algo retrasado respecto al que deberíamos tener en el siglo XXI d.C.

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