Ser de bueno tonto

 Dostoievski, F. (2018). El idiota. Alianza Editorial.

Una vez, mi amiga Lara me habló de su maravillosa experiencia leyendo a Dostoievski y me animó fervorosamente a leerlo.

En septiembre, cuando estuve mirando la lista de lecturas complementarias y vi su nombre entre todos los autores, lo recordé todo. 

No fue una elección rápida, dudaba entre sor Juana Inés de la Cruz, Zola y Dostoievski. Finalmente, me decanté por el ruso gracias a su primer párrafo; fui a la biblioteca y leí el comienzo de los libros seleccionados de dichos autores y el que más me atrajo fue El idiota.

Decidí leerlo y le comuniqué la noticia a mi amiga, dónde me estaba metiendo... Fui amenazada: "Si lees a Dostoievski y no te gusta, tienes un problema". Yo estaba aterrorizada, "y si no me gusta, quién se lo dice". Ya me veía acudiendo a cien curanderos, cincuenta médicos y diez psiquiatras para curar mi problema, que Dostoievski no me gustara, porque pensaba (no sé por qué) que no me iba a gustar.

Afortunadamente, comencé a leer y no pude parar. Mi querida Lara, tenías razón (como la mayoría de veces, bueno): quien lea a Dostoievski y no le guste, no le enganche antes de la quinta página, tiene un problema.

Este libro tiene por protagonista al príncipe Myskhin, "el idiota". Si hay algo por lo que destaca es por su candidez; no es que peque de ella, sino que de bueno es tonto, pero muy tonto. Tiene un carácter extraño, nada parecido al que se acostumbra en la sociedad (ni la rusa ni la de ningún sitio), ya que se comporta creyendo -ciertamente- que este es el mejor de los mundos posibles.

Una de las actitudes que más sorprenden de Myskhin es que hable con total naturalidad a las personas de clase social menor, es decir, que se comporte ignorando la existencia de las clases sociales: "su inocencia y su comportamiento absolutamente bondadoso con todos los que conoce no encaja con el resto de la sociedad rusa". En definitiva, una locura eso de tratar a todas las personas como personas...

Su comportamiento era excesivamente positivo, no veía la malicia de los que lo rodeaban. Una vez, el general Ivolgin necesitaba dinero y Myskhin fue a verlo y le entregó un billete de veinticinco rublos que hacía poco le había entregado a él Yepanchin. Eso no es ser bueno, eso es ser tonto (y no voy a caer en más insultos).

De hecho, la excesiva bondad de Myskhin llega a poner nerviosa -hasta el punto de enfadarla- a su pariente Lizaveta Pokofievna, la generala Yepanchina. ¿Cómo es posible que todo el mundo se esté burlando y aprovechando de él y a él le dé igual? Efectivamente, nadie se lo explica.

Otro de los asuntos que más destaca en Myskhin es su naturalidad y empeño en hablar sobre la pena de muerte y dar, abiertamente, su opinión: "Además, no duda en compartir lo que piensa sobre las condenas a muerte, un tema cuyas opiniones pueden ser muy opuestas".

Este empeño de Myskhin probablemente sea fruto del hecho de que el propio Dostoievski fue condenado muerte (por conspirar contra el zar Nicolás I) y fue liberado a pie de patíbulo (conmutando su pena por cuatro años de trabajos forzosos en Siberia).

Nos deja importantes reflexiones sobre esta condena, empezando porque ésta es ilegítima e inmoral: "¡Es un insulto al alma, ni más ni menos! Está escrito: «No matarás». ¿Quiere eso decir que porque ha matado hay que matarle a él? No; eso no está permitido".

Otra que me gustaría destacar es en la que habla sobre la crueldad del acto, mucho mayor que la de un castigo físico, pues el condenado se atormenta esperando a que llegue su final, del que sabe fecha y hora exactas. "En el tormento (...) hay dolor físico, heridas, tortura corporal, y todo eso desvía al espíritu del sufrimiento espiritual (...). Ahora bien, el dolor principal, el más agudo, puede que resulte no de las heridas, sino del hecho seguro de que dentro de una hora, luego dentro de diez minutos, luego dentro de medio minuto, luego ahora mismo, tu alma saldrá volando de tu cuerpo, y ya no serás un ser humano, y que todo eso es cierto".



Comentarios

Entradas populares de este blog

Despedida y ¿cierre?

Estamos de vuelta