Qué dura la vida del perro
De Cervantes, M. (1990). Novela del casamiento engañoso, Novelas ejemplares II (279-296). Cátedra.
De Cervantes, M. (1990). El coloquio de los perros, Novelas ejemplares II (297-359). Cátedra.
Si bien cada una de las novelas ejemplares de Cervantes es un capítulo independiente y no necesita de otra, el <<Casamiento engañoso>> y <<El coloquio de los perros>> no se pueden entender la una sin la otra (la primera queda incompleta sin la segunda y ésta no se entiende sin la primera).
Ambas son una sola con una estructura común y cíclica que las hace totalmente dependientes. Cervantes nos presenta dos autobiografías (la de Campuzano y la de Berganza) unidas por pequeños coloquios (el de Campuzano con Peralta y el de Berganza con Cipión).
Campuzano y Berganza no tienen sólo en común el hecho de contar sus aventuras, sino también -podría decirse- que el de ser perros: Berganza es sustancialmente hombre y accidentalmente perro y -me atrevo a afirmar por sus comportamientos- Campuzano es sustancialmente perro y accidentalmente hombre.
El alférez Campuzano es un mentiroso compulsivo, se ha pasado toda su vida mintiendo y llevando una vida de aparencias (sobre su poder económico, algo menor de lo que pretende hacer creer).
Lo que no se entiende es cómo un experto mentiroso no ve que está siendo engañado por Estefanía de Caicedo, la mujer con la que contrae matrimonio y que lo despluma. La conoció en una posada, donde mantuvieron una conversación en la que ella decía poseer una gran hacienda y le dejó claro que quería casarse. Primero, le dijo: <<busco marido a quien entregarme y a quien tener obediencia>>. Luego, le expuso sus virtudes (lo buena ama de casa que es) para volver a insistir con el matrimonio: <<Yo busco marido que me ampare, me mandé y me honre>>. Él se casó y con ella por su riqueza (matrimonio de conveniencia, un win to win), lo que no esperaba era el resultado tan diferente que tuvo. Toda la hacienda de Estefanía era en realidad de Dña. Clemente Bueso y ella se la cuidaba en su ausencia.
Campuzano se enteró de toda la verdad por boca de una amiga de su esposa, quien, al terminar de desvelársela, le dijo que no la buscara. El alférez tenía que vengar su honor, así que fue en busca de ella, pero ésta había desparecido ¡con un baúl que contenía todas las pertenencias de Campuzano! El experto mentiroso ha sido engañado, él ha sido la víctima por vez primera y no le sienta nada bien. A Peralta le parece cómico el episodio y el victimismo de su amigo, le dice que deje de quejarse <<que el que tiene costumbre y gusto de engañar a otro no se debe quejar cuando es engañado>> (que se atenga las consecuencias de sus actos porque el karma actúa). A lo que Campuzano responde: <<Yo no me quejo, sino lastímome; que el culpado no por conocer su culpa deja de conocer la pena del castigo>>.
¡Qué dura la vida de este perro! Si ya lo dirá Berganza: <<al desdichado las desdichas le buscan y le hallan>>
Él encarna a la perfección a Pedro, cuando realmente vino el lobo nadie lo creyó. Así es que, cuando Campuzano contó la historia del diálogo entre los perros nadie lo creyó. Aunque, también es cierto que es difícil de creer que dos perros hablen, por mucho que sea un santo quien lo cuente.
Campuzano es tan desgraciado que no es valorado por nadie (Estefanía, Peralta, yo), ni siquiera por Berganza y Cipión, dos PERROS. Los dos canes lo ven pero lo dan por dormido para empezar a hablar, ni ellos lo tienen en consideración.
En el coloquio canino, se nos muestra lo dura que es la vida del perro, ejemplificada en Berganza. Un auténtico carpe diem, un continuo cambio de dueño en busca de una vida mejor (una con comida y sin violencia) que le hace disfrutar al máximo de cada dueño que encuentra que lo trate bien. Pero, cuando las cosas no van tan bien, él no lo duda y se marcha a la primera oportunidad: <<puse pues en polvorosa (...), me fui por aquellos campos de Dios adonde la fortuna quisiese llevarme>>.
Todos los dueños por los que pasa Berganza le hacen conocer en profundidad la sociedad y a Cervantes le sirven para retratar la sociedad del momento: el mundo de apariencias en el que se respalda la burguesía, el mundo sin ley real de materiales y gitanos, la injusta condena de los moriscos (explicado indirectamente en forma de fábula en el episodio de la pastores que matan a sus ovejas y culpan a los lobos inocentes), etc.
Todo esto se lo cuenta Berganza a Cipión en el hospital en una conversación en la que Berganza se cree en una posición superior a la de Cipión por todas sus vivencias y toda la información que posee (la verdad de por qué hablan, que son hermanos). Así es que manipula el discurso: decide qué partes de su biografía contar y cuándo hacerlo, v.g.: <<nunca tú oyeras ahora este cuento, ni aún otros que pienso contarte>> y <<Eso no haré yo (contarte ahora esa historia), hasta su tiempo; ten paciencia y escucha por su orden mis sucesos>>.
Sin embargo, Cipión no acepta favorablemente el ser un mero espectador y dirige el discurso de Berganza, ¿será que él es el hermano mayor? Nos sorprende manipulando él también el discurso. No deja a Berganza, quien sería un excelente aedo (trabaja la teoría circular con gran maestría), extenderse más de lo necesario: le dice que deje de <<dar colas de pulpo>> y <<No te diviertas, pasa adelante>>. También Cipión es el encargado de poner pies en tierra y recordarle la realidad a su hermano cuando éste deja que sus sueños lo dominen: <<Si tienes razón ahora, es cosa divina. Sabes que eres un animal bruto>>.

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