Honor o amor

 De Vega, L. (2012). El castigo sin venganza. Castalia

Los sufrimientos ajenos siempre nos han parecido atractivos; lo que nos engancha una historia de cuernos no está escrito... Pero el tópico del que no podemos prescindir es el de la honra perdida: qué sería de una historia de aristócratas sin una afrenta al honor y su recuperación mediante una boda o un duelo.

De este gusto del público ya era consciente el gran Lope de Vega, pues en su Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo lo presenta (v. 327-328): <<Los casos de honra son los mejores, / porque mueven con mucha fuerza a toda gente>>.

En esta tragedia, se contraponen el honor y el amor. No sólo es protagonista el amor pasional que provoca la pérdida del honor, sino que el que destaca es el amor paterno, ése que impide al duque cobrar su venganza.

▪︎Federico, el Hamlet de esta historia

Entre el italiano y el danés existe la similitud de que son personajes melancólicos, aunque el conde lo es en menor medida.

El soliloquio que nos regala (sobre la vida como sueño) no se queda atrás del de Sheakespeare (v. 928-935): <<Bien dicen que nuestra vida/ es sueño, y que toda es sueño/ pues que no sólo dormidos,/ pero aún estando despiertos,/ cosas imagina un hombre/ que al más abrasado enfermo/ con frenesí no pudieran/ llegará su entendimiento>>.

Hamlet no sabemos si realmente ha perdido la cabeza y, si lo ha hecho, por qué ha sido realmente. De Federico no tenemos duda, la causa de la pérdida de su cordura ha sido Casandra. 

El conde era consciente del peligro que suponen las mujeres (tenidas por seres malignos), pero también sabía que no podría escapar de ellas (v. 311-312): <<y yo, escudero vil, traer en brazos/algún león que me ha de hacer pedazos>>. Pero, claro, llegó Casandra a su vida y lo suyo fue un flechazo, se enamoraron a primera vista (siente que ha renacido conociéndola). Así, su profecía se ha cumplido (v. 344-346): <<Y yo a mi buena fortuna/ traerme por esta selva/ casi fuera de camino>>.

Primeramente, ese no era el problema de Federico, era la herencia. Él creía que sería el heredero de su padre, su padre quería que él fuera su heredero, pero sus vasallos lo amenazaron con una guerra civil de ser Federico (su hijo ilegítimo) su sucesor. Debido a ello, el duque contrajo matrimonio con Casandra para que ésta le diera un heredero legítimo. 

Casandra era un estorbo para él (habla de ella como <<mi veneno>>). Lo que Federico no esperaba era sentir a su madrastra como un estorbo en la cama de su padre (v. 987-988): <<Con ser  imposible, llego/ a estar envidioso dél (de su padre)>>.

▪︎Casandra, una mujer fuerte

Casandra nos muestra cómo la mujer es víctima de la sociedad: hija del duque de Mantua, la casan con el duque de Ferrara para darle hijos (la mujer como moneda de cambio y como fábrica de hacer bebés).

Ya de la que iba a Ferrara a contraer matrimonio veía venir que la cosa no podría salir muy bien, eso y que antes de conocer a su marido ya se había enamorado de su hijo (v. 495-497): <<que me da más regocijo/ teneros a vos por hijo/ que ser duquesa de Ferrara>>.

Como para no preferirlo, pues Federico era un jóvenes apuesto que la amaba, mientras su marido era un viejo crápula al que no veía y con el que no mantenía relaciones sexuales porque estaba continuamente de juerga con otras mujeres. Claro que así es imposible engendrar un heredero... Entonces, ¿cuál es el sentido de su vida?

El sentido lo encontró pronto. Amaba a Federico y, con tanta humillación y su marido en la guerra, ya no encontraba razón para no caer en sus brazos y en su lecho. Todas las dudas y el decoro lo aplacó (v. 1840): <<Si es amor no es traición>>.

▪︎Duque de Ferrara, un perpetuo libertino

Violet Bridgerton (The Bridgerton, de Julia Quinn) decía que un libertino era el mejor marido porque al casarse sentaba la cabeza y era el que mejor cuidaba y honraba a su esposa. Como se nota que no conoció a este duque...

Todo el mundo pensaba que, una vez casado, el duque dejaría su vida de libertino, pero, nada más lejos de la realidad. Siguió haciendo lo que le venía en gana para sorpresa de todos. Lucrecia (v. 1078-1079) se atreve a decir lo que a todos asombra: <<¿Quién pensara que casado/ fuera el duque tan vicioso?>>.

Ama a su hijo (Federico) por encima de todo y, sintiendo que lo traiciona con su enlace, desea que se lleve bien con su madrastra (v. 786-788): <<querrá Dios que Federico/ con su buen entendimiento/ se lleve bien con Casandra>>. Y quiso Dios que se llevarán bien, demasiado bien tal vez.

En el acto II, recibe la llamada del Papa para ir a Roma a defenderlo, así que parte a la guerra. En este intervalo es cuando sucede la deshonra, cuando Casandra y Federico dejan a sus pasiones cumplir sus deseos.

Regresa a Ferrara al principio del acto III totalmente cambiado. Se nos presenta una metamorfosis total en su personaje: (v. 2248-2249) <<sepan/mis vasallos que soy otro>>. Así nos lo presenta Ricardo (v. 23572364): <<que traemos otro duque;/ ya no hay dramas, ya no hay cenas/ ya no hay broqueles ni espadas,/ ya solamente se acuerda/ de Casandra, ni hay amor/ más que el conde y la duquesa; el duque es un santo ya>>. Ha dejado de ser un libertino, viene dispuesto a honrar y respetar a Casandra, algo para lo que llega demasiado tarde.

▪︎El desenlace: Venganza para la deshonra

El duque esperaba que, en su ausencia, todo hubiera ido bien y se alegra de que su hijo y su mujer se lleven tan bien, de <<que estén en paz y amistad>> (v. 2430). Hasta trata el asunto como una batalla ganada (v. 2434-2437): <<hoy dos victorias se cuentan:/ la que de la guerra traigo,/ y la de Casandra la bella, conquistando a Federico>>.

Tanta alegría e inocencia se disipa cuando recibe una carta que le dice <<"Señor, mirad por vuestra casa atento;/ que el conde y la duquesa en vuestra ausencia...(...) ofenden con infame atrevimiento/ vuestra cama y honor. (...) Si sois discreto, os lo dirán los ojos.">> (v. 2484-2485, 2488-2489 y 2491). En ese momento, el duque se siente igual que Julio César: mancillado por su propio hijo (tiene su momento <<tu quoque, filii mi?>>).

Su honra le ha sido arrebatada y debe recuperarla matando a los responsables. El problema es que eso supone matar a su propio hijo (v. 2868-2869): <<dar la muerte a un hijo/ ¿qué corazón no desmaya?>>.

Así empieza un dilema interno entre el deber (recuperar su honor) y el amor paterno en que debe actuar con la razón y no con el corazón. Hasta que llega a la conclusión que le quita las culpas y lo anima a dar muerte a su amado hijo (v. 2890-2891): <<que si hoy me quita la honra,/ la vida podrá mañana>>. 

El duque urde un plan perfecto para acabar con la vida de ambos ofensores sin que nadie sepa que él has ido deshonrado. Ata a Casandra a una silla con el rostro tapado y le encarga a Federico matar a un noble que tiene apresado por estar conspirando contra él (historia inventada). El noble en cuestión es Casandra, a la que su amado mata cumpliendo con la orden de su padre sin ser consciente de nada. Mientras tanto, el duque reúne a su Corte y les dice que Federico ha matado a Casandra por envidia del hijo que ésta llevaba en sus entrañas, el que heredará el ducado y el que no existe. El duque manda matar a Federico por ésto mismo; en ese momento, regresa Federico con la espada manchada de sangre de matar <<al noble>> y le dan muerte sin que él entienda qué sucede.

Es increíble la maestría con la que Lope trata el tema, tanto en forma (versos en perfecta armonía) como en contenido (la profundidad del argumento). Crea una atmósfera que te atrapa y que te hace querer más, hasta el punto de quedar insatisfecho al final de la historia (el cual es un poco atropellado).

Lope ya era consciente de su arte para escribir, algo en lo que casi nadie lo iguala. Así nos lo dice en su Arte nuevo (v. 33-34): <<Verdad es que yo he escrito algunas veces/ siguiendo el arte que conocen pocos>>.

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