Atrapado en la vida

De la Vega, G. Poesía. (2022). Cátedra.

Para esta última entrada sobre Garcilaso de la vega, vamos a despedirnos a lo grande: ¡con sus églogas!

Pero, ¿qué son las églogas? Pues son composiciones líricas complejas que se podrían definir como una obra teatral de un solo acto protagonizado por pastores que interactúan entre sí.

Garcilaso escribe un total de tres églogas. Prueba suerte en estas composiciones con la que conocemos como Égloga II, la más compleja de las tres. Luego, nos muestra un avance con la Égloga I (basada en las Bucólicas de Virgilio) y, finalmente, alcanzar su clímax en la Églolga III.

Si bien ya he insistido en que la obra de Garcilaso es un profundo ejercicio de erudición por los numerosos episodios mitológicos que entran en escena, con las églogas lo eleva al máximo.

Églolga I

A través  de sus personajes (Salicio y Nemoroso), nos presenta la gran quaestio medieval: ¿quién sufre más, el desdeñado por la amada o el que ha enviudado?

Por un lado, tenemos a Salicio, el pastor desdeñado. Desde su primera intervención, está sufriendo. Está avergonzado de sí mismo por no poder dejar de amarla y sufrir a causa de ese amor (v. 63-66): «Vergüenza he que me vea/ninguno en tal estado,/de ti desamparado,/y de mí mismo yo me corro agora». Tal es su dolor que no tiene reparos en llorar desconsoladamente a cara descubierta, dejando completamente de lado esa absurda manía varonil de hacerse el fuerte (ya sabemos que los hombres nunca lloran...); hay una repetición del verso «salid sin duelo, lágrimas corriendo» al final de cada estancia.

Por otro lado, tenemos a su amigo Nemoroso, quien ha perdido a su mujer, Elisa. La sigue amando y es incapaz de olvidarla, cada pensamiento del día está dedicado a ella y recorre todos los lugares por loa que estuvieron juntos. En él, se ejemplifica el tópico del cuerpo como cárcel del alma, se siente encerrado en la vida y en este mundo, pues él lo que quiere es morir para reencontrarse con ella en el cielo (v. 398-399): «que se apresure el tiempo en que este velo/rompa del cuerpo y verme libre pueda».

Desde que la leí, no he parado de pensar en la quaestio y tampoco le encuentro respuesta. Mil veces he oído formular esta pregunta y, de todos a los que se la formularon, ninguno supo responder. Otro ejemplo de la atemporalidad de la poesía, pues vemos como nos seguimos planteando las mismas cosas.

Églolga II

Esta égloga está protagonizada por Albanio, quien está enamorado hasta las trancas de Camila desde siempre. El problema es que ella es sacerdotisa de Diana y, por tanto, debe permanecer casta.

Para Albanio la vida es un auténtico infierno: jamás podrá tener a su amada. En definitiva, muy duro; amor imposible en su máxima expresión. Qué condena más dura tiene que cumplir el pobre Albanio. No me extraña que insista constantemente con la idea de suicidarse: es su única escapatoria.

Égloga III

Esta égloga está plagada de referencias mitológicas, quién no ha tenido un fragmento para comentar en un examen de cultura clásica... ¡Su lectura me ha traído muy gratos recuerdos!

Garcilaso hace una comparación con los aedos de la antigüedad (v. 29-32): «Apolo y las hermanas todas nueve/me darán ocio y lengua con que hable/lo menos de lo que en tu ser cupiere,/que esto será lo más que yo pudiere». El aedo cantaba las hazañas de los héroes míticos influenciado por los  dioses, quienes lo inspiraban y él era  su altavoz. Aquí, Garcilaso nos dice que canta (a la amada) inspirado por las musas (igual que el aedo).

Luego, viene el corpus de la composición: los mitos que tejen las cuatro ninfas, cada uno es una historia de amor roto.

Filódoce teje el mito de Orfeo y Eurídice, Dinámene el de Apolo y Dafne, Climene el de Adonis y Venus y Nise teje a las diosas llorando a Elisa (esposa de Nemoroso). Así pues, asistimos a la mitificación de Elisa, de la esposa amada.




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