La base del genio del Humanismo: la IMITATIO
Todos hemos oído hablar del Humanismo, esa doctrina artística y cultural que tiene como principal característica la preeminencia del hombre sobre todo lo demás. El desarrollo de esta corriente fue tan transcendental para la vida humana que supuso el nacimiento de una nueva era: el Renacimiento. Todas las artes (plásticas, literarias, etc.) experimentaron una renovación radical de sus formas, alejándolas del oscurantismo medieval para llevarlas a su segundo esplendor.
Surgió en la Florencia del siglo XV y, de ahí, se extendió por todo el mundo conocido; llegando, como no, a nuestra querida España. Una de las personalidades clave en la introducción de esta filosofía vital en la literatura española fue Garcilaso de la Vega, un toledano de finales de siglo con una vida amorosa un tanto penitenciaria.
La creación renacentista se fundamenta en leyes métricas y en tópicos propios de la Antigüedad clásica. Archiconocidos son el locus amoenus, beatus ille y carpe diem horacianos. Pero, ¿cómo llega el poeta renacentista a utilizarlos en sus obras? Es obvio que leyendo a los clásicos y aplicando sus indirectas enseñanzas en las nuevas obras creadas.
Este proceso de adaptación de la obra antigua es lo que conocemos como imitatio y era el pan de cada día del buen poeta renacentista, pues para ser considerado genio debía conocer bien a los grandes clásicos, reconocer su talento y honrarlos tratando de mejorarlos.
Un hecho curioso a tener en cuenta es que los grandes clásicos no sólo son los antiguos, si no que también lo son aquellos contemporáneos que por su maestría adaptaron tal consideración. Es el caso de Petrarca o del propio Garcilaso, quien fue considerado un clásico a imitar poco después de morir .
La obra de Garcilaso está repleta de ejemplos de imitatio como podemos ver en el primer cuarteto del soneto XVI, en el segundo del XVII y en el soneto XXIII, el que aquí nos atañe.
Primeramente, este poema nos parece uno más. En los dos primeros cuartetos se nos presenta a una muchacha joven y bella. Puede llegar a parecernos que la muchacha vive con miedos, sin disfrutar el ahora, y ahí es cuando entra (en el verso 9) el tópico del carpe diem, el cual se defiende hasta el final de la composición.
El tono alegre que introducía a la muchacha se torna en uno más melancólico para recordarnos que el tiempo no va a esperar por nosotros (tempus fugit). Esta carrera está perdida desde antes de empezarla y que por ello no tenemos otro remedio que aprovechar cada momento, pues, si el tiempo no va a volver a atrás, que por lo menos lo hagamos nosotros con los maravillosos recuerdos que habitan en nuestra mente (fruto de una juventud debidamente vivida).
Garcilaso crea este soneto tomando como modelo el Gli amori de Tasso:
Como vemos, no tienen únicamente unos tópicos y una estructura comunes (dos cuartetos presentando a la joven y dos tercetos incitando al carpe diem), si no que, pudiendo haber elegido otra forma de expresarlo (v.g. otra descripción de la muchacha), Garcilaso se quedó con el mismo personaje.
Al mismo tiempo, el toledano pulió aquellos detalles menos "bonitos", como es el caso de ese "oh, jovencitas" que nos presenta a Tasso como un viejo verde.
Para este ejercicio, Garcilaso también se inspira en la Rima V de Bembo:
Las principales similitudes que vemos entre Bembo y Garcilaso es el goce de la eterna juventud (visión que también comparte Tasso) y el tratamiento del tema de una manera relajada , más romántica y pura (eliminando las connotaciones de viejo verde de Tasso).
Con la combinación de dos modelos y la excelente selección de detalles a imitar (y a descartar) en cada uno, Garcilaso demuestra su gran maestría creadora.
La creación de una obra artística inspirándose en (o imitando a) una ya existente no es una idea descabellada ni mucho menos algo del pasado. Si le parece una idea loca, ¿qué tal si le hablo de interpolación? ¿Tampoco le suena?
Y si le hablo del verso más polémico de este año: "fue tan efímero/ el caminar de tus dedos en mi espalda dibujando un corazón/ y pido al cielo que sepa comprender/estos ataques de celos que me entran si yo no te vuelvo a ver". El cantante Saiko tomó este verso como estribillo de su canción Supernova de Un violinista en tu tejado de Melendi. El asturiano, a su vez, lo escribió inspirándose en Y nos dieron las diez de Joaquín Sabina ("de repente, tu dedo en mi espalda/dibujó un corazón"). Y la canción del andaluz comparte las dos primeras estrofas con Ojos de gata de Los Secretos, aunque esto último parece ser una ayudita entre amigos.

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